Mis últimos artículos de prensa

“Renovación conservadora en los EE.UU” en el diario El Mundo de 4 de abril de 2012

Refundación Conservadora EE.UU

 

La estrategia de Ulises; artículo con José Antonio Martínez en el diario EL MUNDO.

Necesitamos un Gobierno Europeo para responder a los mercados especulativos. ¿En qué lugar perdido se encuentra el ADN político de esos líderes europeos que en mitad del naufragio, de la guerra, de la devastación, de la ruina total, cogieron las riendas de esta Europa arrasada para, después de hacer ese llamado milagro, entregar esa herencia a las generaciones venideras?

Estrategia Ulises

Opinión. Herald International Tribune, 12/9/2009. Gustavo Palomares said:

 

Spain tries to bolster Latin American ties”

 

 

Opinión EL PAÍS, 28/4/2008

TRIBUNA: GUSTAVO PALOMARES

Obama ‘for president’

  Los medios informativos y la sociedad estadounidense, tan propensos al espectáculo, tienden a dramatizar la actual situación de división interna del Partido Demócrata en la idea de que los buenos shows deben continuar. El último capítulo de esta serie entretenidísima, con las primarias en el Estado de Pensilvania y las nueve siguientes consultas, asegura el suspense hasta el final como en las buenas películas.

Las diferencias y encontronazos entre Hillary Clinton y Barack Obama, recrudecidos en las últimas semanas, han determinado el escenario y la escenografía a la que parece estar abocado el partido del asno hasta el próximo mes de agosto. Y como el asno, por ser testarudo, tiende a repetir la historia, la convención de agosto de 2008 puede recordar a la de 1960, en la que Lyndon B. Johnson y John F. Kennedy, dos candidatos de peso en empate técnico después del proceso de primarias y con un tercero como Hubert Humphrey sin posibilidades, intentaban ganar el apoyo de las grandes figuras del aparato demócrata, Adlai Stevenson y Harry Truman, para decantar a su favor la nominación. Los superdelegados, la aristocracia, las élites políticas, ahora y siempre -como señalaban los teóricos Vilfredo Paretto y Gaetano Mosca-, tienen influencia en el proceso político incluso cuando no dicen nada o están dormidos.

Las convenciones demócratas parece que las carga el diablo. Es muy acertada la descripción de Arthur Schlesinger Jr., una de las referencias del constitucionalismo americano, cuando en su obra A Thousand Days -Los mil días de Kennedy, en la traducción castellana- describe la convención como “un fenómeno demasiado volátil e histérico para hacer una evaluación exacta. Todo ocurre a la vez y en todas partes, y todo cambia con gran rapidez. La gente habla demasiado, fuma demasiado, bebe demasiado, corre demasiado y duerme demasiado poco. La fatiga tensa los nervios y produce pánico y susceptibilidad a los rumores. En aquel momento todo es borroso”.

Al final en las votaciones discutidas e igualadas de la convención, como ya ocurrió en 1912, en 1924 y en 1960, por encima de los compromisos previos, los delegados y superdelegados siempre votan al final al caballo mejor colocado en la carrera frente a los republicanos.

Los dos candidatos embarcados en esta larga y competida carrera electoral de 2008, jugarán sus bazas con las distintas delegaciones presentes en la convención y ganará, como parece indicar la historia electoral en estos casos de empate técnico, la candidatura que sea capaz de aprovechar su impulso exitoso y proyectarlo hacia el futuro. Efectivamente, ese ímpetu gana

-dor que tanto gusta a los estadounidenses es el que acaba por imperar.

Sin embargo, la resaca viene después con las concesiones necesarias para encontrar un buen vicepresidente y para intentar cerrar las divisiones y las disensiones vividas dentro del partido. El acuerdo contra natura entre los candidatos enfrentados que siempre ha dado tan buenos resultados balsámicos para los demócratas en otras situaciones similares -el ticket Kennedy y Johnson es un buen ejemplo- en el caso Clinton-Obama de 2008 parece un espejismo.

El mundo se pregunta si el sistema y la sociedad estadounidenses se encuentran preparados para asumir el reto que supone tener un presidente negro. En este mismo orden de ideas, hay escepticismo respecto a que el electorado opte por una mujer como presidenta. Pero lo que no me cabe la menor duda es que Estados Unidos, en el momento actual, no se encuentra sociológicamente tan avanzado como para asumir ambas cosas de forma simultánea. Tener una presidenta con un vicepresidente negro, o un presidente negro con una vicepresidenta, parece demasiado, incluso para ese cuerpo electoral.

Frente a Hillary Clinton, Barack Obama es más difícil de encuadrar en las generalizaciones sociológicas que se suelen realizar del electorado estadounidense. Es un político que está fuera de la normalidad de Washington, en su origen, en su formación, en su renovado idealismo. Distante de otros presidentes como Bill Clinton e, incluso, de otros candidatos como J. F. Kerry o John Edwards. Un político que fundamentalmente encarna la superación de la generación anterior de la que forma parte la propia Hillary.

El supuesto error electoral de Obama en Pensilvania hablando de los amargados desempleados rurales que se aferran como último recurso a las armas y a todo tipo de religiones, puede ser achacado a su falta de madurez o a la directa sinceridad de un político que lleva mal el exagerado fingimiento y el discurso calculado de siempre.

El principal valor político y electoral de Barack Obama es que representa la desconfianza de las generaciones más jóvenes por la vieja forma de hacer política. Ello explica que sea el candidato que ha reunido un mayor apoyo electoral en los menores de 35 años en la historia reciente de Estados Unidos.

Obama puede ser el primer presidente de una nueva generación. Y ello por su vitalidad, su modernidad e incluso sus grandes dudas a la hora de adoptar decisiones, que le imprimen espontaneidad; sin olvidar sus referencias críticas hacia su propio partido, el poder de Washington y el papel jugado por Estados Unidos en el mundo, especialmente después del 11 de septiembre de 2001. Un nuevo líder, en la búsqueda de una nueva doctrina para un nuevo tiempo. Podría ser el primer presidente de la era global.

Todas estas cualidades reflejan una atractiva personalidad y, sobre todo, a un político de nueva hechura y factura. Una nueva oportunidad para el idealismo americano después del corsé neoconservador de los últimos ocho años. Un candidato capaz de superar los enfrentamientos derivados del encasillamiento electoral del color o condición porque con una apariencia exterior de serenidad y calma, expresa con seguridad sus argumentos, con un novedoso desarrollo, gran capacidad de improvisación e incluso con el ahogo de sus palabras en los momentos cumbres de sus discursos.

Éstas son las cualidades de frescura, espontaneidad y sinceridad que pueden vencer a un McCain, con mucha experiencia, mucha historia pasada envuelta en un nuevo discurso pero cuyas soluciones son las viejas.

Probablemente, Barack Obama es el único caballo demócrata con posibilidades para ganar este gran derby electoral de 2008 y por ello puede salir victorioso después de esta larga y agotadora batalla.

Gustavo Palomares Lerma es profesor de Política Exterior de los Estados Unidos en la Escuela Diplomática de España y catedrático europeo en la UNED.

otro…..

 

 

LA VANGUARDIA

OPINIÓN. GUSTAVO PALOMARES

“EE.UU un nuevo liderazgo moral”

Las apuestas, incluso económicas, manejando las distintas hipótesis sobre el resultado final de las primarias demócratas para saber el próximo inquilino de la Casa Blanca se han instalado más allá de los ambientes políticos y periodísticos previsibles. Los alumnos más motivados hacen tertulias y foros, mientras los vecinos y la familia cruzan envites y comidas a cuenta del resultado final con la última esperanza de ganar una invitación suculenta. Detrás de esta película tan entretenida en la que McCain podía ser interpretado por Steve Martin, Hillary por Glen Close y Obama por Denzel Washington, el espectador sabe que, como en tantos filmes de final incierto y tinte apocalíptico, lo que está en juego es el futuro del mundo.

Debajo del espectáculo de las primarias y después de lo que va a ser una reñida carrera electoral presidencial en el mes de noviembre, el tema crítico en la reflexión actual que realizan no sólo nuestras academias diplomáticas sino todo el conjunto de la sociedad internacional es el referido a la continuidad y cambio en la política exterior de los Estados Unidos. La principal conclusión a este debate es que son muchas las voces que piden un cambio urgente de la relación de la gran superpotencia mundial con el resto del mundo.

No obstante, hay opiniones que no nos quieren dejar la posibilidad de soñar. Para ello, auguran una decepción asegurada gane quien gane, ya sean republicanos o demócratas y entre estos últimos da lo mismo que sea presidenta blanca o presidente negro. Es muy probable que los soñadores como mucho sólo podamos esperar pequeños cambios; sin embargo cuando estos pequeños cambios afectan al único guardián entre el centeno universal esto supone una gran transformación para los escenarios y micro-escenarios relacionados que somos todos.

Una victoria de McCain tan sólo puede suponer pequeñas transformaciones en la Doctrina de la Seguridad Preventiva llevada a cabo por la administración saliente y avalada por el pensamiento neoconservador. Aún así, después de los fracasos confesos en Afganistán e Irak y con la vuelta a ese denominado síndrome de Vietnam que parecía superado por la sociedad y los medios estadounidenses, incluso una administración republicana con vieja doctrina envuelta en un nuevo discurso tendría que introducir cambios sustanciales respecto a la contención militar y a la revitalización de los instrumentos diplomáticos.

En el campo demócrata la historia ha demostrado la gran distancia existente entre las promesas electorales, las ilusiones despertadas y la dura realidad del poder en Washington. El idealismo frente al realismo del stablisment. Por ejemplo, el desequilibrio internacional de un presidente como Wilson símbolo de la paz en Europa y el Wilson intervencionista en Centroamérica. La gran distancia que hubo entre la idea electoral de Kennedy con un nuevo compromiso con la humanidad -la Nueva Frontera en los asuntos internacionales- y la cruda realidad de Bahía de Cochinos o el inicio de la Guerra de Vietnam. La diferencia entre la vía rápida en la solución de los conflictos internacionales del Clinton candidato y el segundo plano de la política exterior en los primeros meses del Clinton presidente –con la guerra en la antigua Yugoslavia en vía de espera- para pasar después a la continuidad respecto a la anterior gestión republicana. Como señalaba el célebre y anciano economista J.K Galbraith en The Washington Post en ese momento: las élites egoístas, cerradas y satisfechas hacen al presidente prisionero.

Dar por hecho categóricamente que en caso de la llegada al poder de cualquiera de las opciones demócratas en liza esas élites egoístas la harán prisionera, es mucho suponer. Muchos hemos tenido un sueño y esperamos que se haga realidad cuando escuchamos al candidato Obama hablar de la necesidad de un nuevo pacto político de los Estados Unidos con en el mundo. Y lo hace desde la coherencia de haber mantenido posiciones que, como la negativa a la ocupación militar de Irak, no eran las más comunes para los demócratas -basta mirar lo que dijo y votó Hillary Clinton- ni tampoco para el conjunto de la sociedad estadounidense que en ese momento sólo una minoría rechazó.

Los Estados Unidos deben recuperar el liderazgo moral en el mundo, perdido después del 11 de septiembre de 2001, en especial con las intervenciones en Afganistán e Irak. Del miedo que han provocado y provocan en la sociedad internacional, incluso en sus aliados europeos más próximos, deben pasar a ser una cara más amable para afrontar los riesgos colectivos en la seguridad. Es cierto que los Estados Unidos sólo han creído históricamente en sus capacidades y en lo alto de sus ideales, pero en esta era global tendrá que aprender a manejar con más finezza los marcos multilaterales. El primero de ellos -como señala Zbigniew Brezezinsky cuando habla de las Alianzas- es que uno no puede provocar divisiones dentro de su propia familia como pasó con Irak con el grado de  oposición y las heridas que este acto ilícito internacional provocó entre de aliados europeos.

La política exterior de los Estados Unidos debe privilegiar los instrumentos diplomáticos clásicos y reinventar nuevas herramientas negociadoras aprovechando incluso dinámicas anteriores que estaban olvidadas o en vía muerta. Una de las conclusiones que deberá aprender la diplomacia estadounidense es que fracasada la utilización de la fuerza militar en Afganistán e Irak, la única forma eficiente para combatir el terrorismo islámico es eliminar los caldos de cultivo en donde crece el reclutamiento de los grupos radicales islámicos. El conflicto de Oriente Próximo podría ser un ejemplo muy significativo: no existirá paz en el corazón de los árabes en tanto no se solucione el contencioso árabe-palestino-israelí. Y éste no se solucionará hasta que los Estados Unidos con una fuerza renovada, más allá de los intentos tímidos de los últimos meses de Bush, no asuman un liderazgo diferente en este proceso.

El día que esto ocurra el sueño se hará realidad y empezará una nueva doctrina en la política exterior de los Estados Unidos y una nueva era para el resto del mundo.

Gustavo Palomares Lerma

Profesor de Política Exterior de los Estados Unidos

en la Escuela Diplomática de España.

Catedrático Europeo en la UNED

 

 

 

 

 

DEL BLOG DE JESÚS HERNÁNDEZ….MI CRÍTICA SOBRE SU LIBRO EN “La revista de la Historia”

martes, julio 29, 2008

“Norte contra Sur: Objetivo cumplido”

Bien, ya me queda poquito para irme de vacaciones… espero poder dejar listo el recorrido por Nuremberg antes de marchar, pero antes no me he resistido a la tentación de transcribir la crítica a mi libro Norte contra Sur que aparece en el número de este mes de la revista LA AVENTURA DE LA HISTORIA.

En la reseña, firmada por Gustavo Palomares, se habla también de la relevancia de la Guerra de Secesión, pero lo destacable es lo que dice sobre el libro:

El libro de Jesús Hernández, Norte contra Sur, es un ensayo histórico que se lee como una novela o un relato casi cinematográfico. Ésta es su principal virtud, elaborar un estudio riguroso, a la vez que poder hacer imaginar y oler, incluso, la pólvora de las sucesivas batallas. La estructura, a veces telegráfica, es un defecto superado por el interés de algunas de las descripciones de personas, soldados, batallas y procesos que, de otra forma, se habrían sacrificado en una obra de carácter más académico.

La claridad en la exposición se une a una muy correcta redacción, para plantear las causas y el desarrollo del conflicto con todo lujo de detalles: actores, escenarios, batallas y distintos escarceos dentro de ellas (…).

La lectura de esta obra, superada la estructura literaria habitual de la historia militar, supone un buen entretenimiento, también por lo cuidado de su edición (…).

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